El dilema del profesor y el Chef

Ángel Marroquín

Hace unas semanas atrás un profesor universitario recibió su evaluación semestral que incluía un apartado en el que los estudiantes mencionaban aspectos negativos de sus clases. Por segundo año consecutivo los estudiantes mencionaban como un aspecto negativo, la puntualidad al comenzar las clases. Algunas de las frases decían: “el profesor comienza su clase exactamente a las 8.30”, “cuando me conecto a las 9 no puedo seguir las clases porque él ya ha comenzado”, “el profesor es demasiado puntual”.

Esta situación es interesante porque expresa una lógica paradojal: el profesor es criticado por hacer lo que se espera de él: comenzar su clase a las 8.30. Se le sugiere que para mejorar debe entonces quebrantar su mandato y comportarse como los estudiantes, es decir pensar como ellos, ponerse en su lugar y ceder.

Ahora si nos ponemos por un momento en el lugar del profesor, ¿No es tentadora la idea de claudicar del deber y dejarse llevar por la relajante y narcótica flexibilidad de los hábitos estudiantiles de la clase media? Muchos lo hacen dando origen al oxímoron del profesor-amigo, padre-amigo, el psicólogo-amigo. Una vez que esta alianza tácita ha sido establecida ya no hay vuelta atrás. Como en otras cosas de la vida, la excepción poco a poco se hace regla y la autoridad queda relegada a “moralina” o “bla-bla”.

Estudiantes y profesores tienen razones para hacer lo que hacen, pero ninguno tiene, al final del día, la razón.

Lo interesante de esta situación es que muestra la voluntad de una de las partes -los estudiantes-, por imponer su forma de ver el problema y lograr cambios que les permiten adaptarse mejor, aunque sea solo un poco, a un mundo cambiante y en cierta medida, despiadado. Podríamos decir que los estudiantes practican con su profesor distintas estrategias destinadas a modificar la realidad a su conveniencia. ¿No es este el origen, a nivel individual, del clientelismo político, el asistencialismo, el paternalismo y el populismo? 

Pero hay algo más, tal vez lo más curioso: la simpatía que los estudiantes sienten por el profesor se basa en la capacidad que este tiene para adaptarse a sus deseos. ¿No es demasiado fácil para el profesor poner más empeño en ganar popularidad y no tener problemas que en hacer su clase y pedir a sus estudiantes que cumplan con estar a la hora en la sala de clases?  

Ahora, si vamos al fondo de la cuestión aparecen preguntas como estas: ¿Por qué nos es tan difícil aceptar la realidad de las reglas en toda su brutalidad?, ¿Por qué es que intentamos negarnos a la idea que estamos obligados a obedecer las reglas que se nos imponen en forma de horario, trabajo, tests de manejo, pruebas de admisión, test de idiomas?

Ayer en la noche el cocinero de un famoso Hotel recibió el filete de carne de vuelta porque el cliente dijo que este no estaba preparado a término medio que es como él lo había pedido. El Chef dijo que técnicamente ese era un filete cocido a término medio. El manager le dijo que el cliente tiene la razón y que lo cociera como se le antojara al cliente o se podía ir al carajo.

¿Qué creen ustedes que hizo finalmente el Chef?

(c) Photography by Sebastián Silva. https://la-periferia-interior.tumblr.com/

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