Don Google

Ángel Marroquín

Una persona enferma visita a un médico quien tras examinarla determina un diagnóstico. La persona enferma niega el diagnóstico que le ha dado el médico agitando unas hojas de papel obtenidas en internet en las que un experto mundial describe sus síntomas asociándolos a otra enfermedad.

¿Cuál de los dos médicos tiene el verdadero diagnóstico?

Internet cambió muchas cosas para bien. Comunicarnos con familiares y amigos instantáneamente desde un lugar a otro es muy fácil y barato. Acceder a noticias en vivo nos provoca una sensación de instantaneidad asombrosa. La cultura, el arte y la literatura también hoy están muy cerca de nosotros gracias a internet. Sin embargo, el cambio ha sido reciente y aún muchas áreas del planeta no tienen acceso a internet ni a sus efectos positivos y negativos.  De uno de esos efectos negativos es de lo que quiero hablarles.

En el mundo pre internet si tú no sabías alguna cosa solo habían dos opciones en una conversación: te callabas o decías simplemente “no sé”.  Decir “no sé” todavía estaba relacionado con el reconocimiento de la ignorancia Socrática y, por lo tanto, no era una cosa negativa, sino que el reconocimiento de la propia ignorancia nos dotaba de un impulso, de audacia para buscar el saber. No saber era el camino hacia el aprendizaje y lo que uno tenía para hacer era preguntar. En esos tiempos era evidente que “nadie nace sabiendo”.

Todo eso ha cambiado desde que tenemos a Mr Google.

Google es un motor de búsqueda en internet en el que prácticamente se puede encontrar de todo, desde detalladas descripciones de síntomas de enfermedades terminales, hasta las últimas y más delirantes teorías conspirativas, pasando por biografías y páginas web de museos, cafés. Es como una feria de las pulgas de “un todo de cuanto hay” como se decía antes. Todo esto es excitante y entretenido pero cuando consideramos la creciente cantidad de personas que usan Google no para entretenerse sino para buscar cosas que no saben, la cosa puede ser un poco menos brillante. ¿Cuál es el problema con esta práctica tan común?

El problema es que buscar en Google produce un efecto en cadena que se extiende más allá de nuestra propia esfera. Los efectos de satisfacer nuestra ignorancia con Google pueden provocar un tipo de polución que da origen a supuestos que pueden entorpecen el verdadero aprendizaje, ese que comienza con el reconocimiento de la ignorancia propia y que se basa en la pregunta.

Al buscar lo que no sabemos en Google limitamos la posibilidad de decir “no sé” públicamente, es decir, de reconocer nuestra ignorancia frente a otros. Entonces vamos creando una sensación pública en que pretendemos saber, sin haber hecho pública nunca nuestra ignorancia. Cuando varias personas simulan saber de esta forma, se crea un clima de falsa certidumbre, tipo “todos sabemos todo” acerca de esto o aquello, que a su vez termina por atemorizar a los más jóvenes y a los más vulnerables socialmente, que no quieren parecer naive o inocentes frente a los otros que supuestamente saben. Se impone entonces el temor a no saber lo que los otros pretenden saber. El efecto de esta situación es el anti-conocimiento, es decir, nadie se atreve a decir no sé y nadie se atreve a preguntar. ¿No es este el mejor caldo de cultivo para el totalitarismo y el error?

El efecto global de esta situación de falso conocimiento, de esta atmosfera cargada de pseudo conocimiento es el cinismo como actitud de superioridad moral y el perfeccionismo como única meta para alcanzar este estado de falso nirvana.

La ignorancia humana es una enfermedad lo sabemos, pero la curación no va a venir de Mr Google, seguro.  

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