A big gap which is also an eloquent bond

Ángel Marroquín

A few days ago, I was in a hurry walking down the street while occupied with my thoughts. Suddenly I found myself outside an art gallery and saw the name of the exhibition. In one of those strange moments of synchronicity, the name of the exhibition coincided with what I was thinking as I was walking.

“A delicate bond which is also a gap” is the exhibition’s name by the artist Isabel Nolan.

After thinking about it and in homage to that instant of simple magic, I gave Nolan’s idea a twist and came up with the notion: “A big gap which is also an eloquent bond”, and that’s what I want to talk about today.

We are forever connected to some people, places and things. Our parents, our friends, the neighbourhood we grew up in, our native country, our mother tongue, and our home. But we are also separated from people and things that we do not see, we do not know, or we can’t even grasp. This duality makes us who we are: people who live focused on the relationships with those like us, anchored in the vicinity of what we call belonging.

Seen like this, it seems obvious to all of us, but is this bonding and separation part of our daily experience?

Are we able to recognise the bond and the separation?

How does being aware or ignorant of this invisible duality affect us?

If we think about it: while we order our food in a restaurant, wait to be served in a shopping centre or the hospital’s waiting room, we are connected to all those ‘invisible’ persons working so that we can obtain what we have come for: food, a new television or medical attention. But we are also separated from them by an invisible gap.

We don’t see them; we don’t know their names or where they live; we don’t know if they like their jobs or what kind of dreams, aspirations or difficulties they have. However, it is thanks to them that we will get what we came for. In some strange way, we have been called to this place to be aware of that familiarity with those who are not familiar to us at first sight.

What if we could suddenly see, bring them to where we are, all those who worked producing the Avocado that we have in our hands?

What if we saw the faces of all those who are there -only five meters under the floor in which we stand-, stuck between the pots of boiling water and squeaking oil, cutting the carrots and lettuces that in fifteen minutes we will happily begin to eat?

Why don’t we see them? Why are we not aware of the invisible?

The answer is simple and complex.

If we saw them, if we really saw them, we would see ourselves reflected in them. We would see our face in theirs. Then the real revolution would break out, and the consumer system that insists on separating us would undoubtedly collapse.

A big gap which is also an eloquent bond

Ángel Marroquín

Hace poco caminaba apresurado por una calle mientras pensaba en mis asuntos. De pronto me encontré fuera de una galería artística y vi el nombre de la exposición que se presentaba. En uno de esos extraños momentos de sincronía el nombre de la exposición coincidió con lo que estaba pensando mientras caminaba.

“A delicate bond which is also a gap” es el nombre de la exposición de la artista Isabel Nolan.

Tras pensarlo un poco y en homenaje a ese instante de magia cotidiana le di un twist a la idea de Nolan y enfoqué mi idea así: “A big gap which is also an eloquent bond” y es de eso que les quiero hablar.

Estamos ligados de por vida a algunas cosas y personas. Nuestros padres, nuestros amigos, el barrio en que crecimos, nuestro país de origen, su idioma y nuestro hogar. Pero también estamos irremediablemente separados de personas y cosas que no vemos, que no conocemos y que no tenemos la menor idea. Esta dualidad nos hace ser quienes somos: personas que vivimos enfocadas en nuestras relaciones con los que son como nosotros, anclados en las inmediaciones de eso que llamamos pertenecer.

Visto así nos parece a todos obvio, pero ¿Es este ligamiento y separación parte de nuestra experiencia cotidiana?

¿Somos capaces de reconocer el vínculo y la separación?

¿De qué manera nos afecta ser conscientes o ignorantes respecto a esta dualidad invisible?

Si lo pensamos un poco, mientras ordenamos nuestra comida en un restaurante, esperamos ser atendidos en un centro comercial o aguardamos en la sala de espera de nuestro médico, estamos ligados a todos aquellos que trabajan en ese momento para que nosotros recibamos lo que hemos venido a buscar: comida, un televisor nuevo o atención médica. Pero también estamos separados de ellos.

No los vemos, no sabemos sus nombres ni dónde viven, si les gustan sus trabajos o qué clase de sueños, aspiraciones o expectativas tienen. Sin embargo, es gracias a ellos que obtendremos lo que vinimos a buscar. De alguna extraña forma hemos sido llamados a este lugar para ser conscientes de esa familiaridad con quienes no nos son familiares a primera vista.

¿Qué pasaría si de pronto pudiéramos ver, traerlos a donde estamos, a todos aquellos que trabajaron produciendo el Aguacate que tenemos en nuestra mano?, ¿Qué pasaría si viéramos el rostro de todos aquellos que están ahí, -solo cinco metros bajo el piso en el que estamos-, metidos entre las ollas de agua hirviendo y aceite chirriando, cortando zanahorias y las lechugas que dentro de quince minutos comenzaremos alegres a comer?

¿Por qué no los vemos?, ¿Por qué es que no somos conscientes de lo invisible?                               

La respuesta es simple y compleja.

Si los viéramos, si de verdad los viéramos, nos veríamos a nosotros reflejados en ellos. Veríamos nuestro rostro en el de ellos. Entonces la verdadera revolución estallaría y el sistema de consumo que se empeña en separarnos, se derrumbaría.

(c) Photography by Sebastián Silva. https://la-periferia-interior.tumblr.com/

Someone took you in

Ángel Marroquín

Imagine that you are travelling to your vacation and you get lost at the airport where you have to make a connection and you miss the flight. Imagine that you don’t have enough money and that it gets dark. You feel lost, alone, and distraught. Despite the fact that all your life you have been a self-reliant and self-confident person, today you feel, perhaps for the first time, in need.

What do you need? What do you need the most in a moment like this?

I’ll give you a clue. What you need is not something material, it is not something that you can touch. No, it is not money and you cannot buy it.

What you need is hospitality.

Someone has seen your face and vaguely thought of himself in a similar circumstance years ago. Someone has approached you and asked “what do you need”, “how can I help you?”. Someone, after all, invites you to spend the night at his house. In the desolate airport, at dawn, even though you are a stranger, “someone took you in”.

The next day the air company solves your problem and you continue your holiday trip, grateful of having found that person who hosted you for one night. As you fly you think about that person, why did he do it? Why did he approach you and offer help if he did not have the obligation to do so? As you cross the sky over the Mediterranean Sea, a small boat heads to the coast of Spain. In the middle of the sea those strangers look tired, insecure, in need just as you looked that night when I saw you alone at the airport at dawn.

We can all be in the situation of being strangers and needing the hospitality of others, so it is better to start giving hospitality if we want to receive it.

Alguien te ha dejado entrar

Ángel Marroquín

Imagina que vas viajando a tus vacaciones y te extravías en el aeropuerto donde debes hacer una conexión y pierdes el vuelo. Imagina que no tienes dinero suficiente y que se hace de noche. Te sientes perdido, solo y angustiado. Pese a que toda tu vida has derrochado autosuficiencia y seguridad en ti mismo hoy te sientes, tal vez por primera vez, necesitado.

¿Qué es lo que necesitas?, ¿Qué es lo que más necesitas en un momento con este?

Te daré una pista. Lo que necesitas no es algo material, no se trata de algo que puedas tocar. No, no es dinero ni se compra con dinero.

Lo que necesitas es hospitalidad.

Alguien ha visto tu rostro y vagamente ha pensado en sí mismo en una circunstancia parecida años atrás. Alguien se ha acercado a ti y te ha preguntado qué es lo que necesitas, cómo puede ayudarte. Alguien, a fin de cuentas te invita a pasar la noche en su casa. En el desolado aeropuerto, de madrugada, aún siendo un extraño, “alguien te ha dejado entrar”.

Al día siguiente la compañía soluciona tu problema y sigues tu viaje, agradecido de haber encontrado a esa persona que te hospedó por una noche. Mientras vuelas piensas en la persona que te hospedó, ¿Por qué lo hizo?, ¿Por qué se acercó a ti y ofreció ayuda si no tenía la obligación de hacerlo? Mientras cruzas el cielo sobre el mar mediterráneo, una pequeña embarcación se encamina a la costa de España. En medio del mar esos extraños lucen cansados, inseguros, necesitados tal como tú lucías aquella noche en que te vi solo en el aeropuerto de madrugada.  

Todos podemos estar en la situación de ser extraños y necesitar de la hospitalidad de otros, así que es mejor comenzar a dar hospitalidad si es que queremos recibirla.

We are blow-ins / Nomadland

Ángel Marroquín

Memento Mori is a Latin catch phrase that means “remember that you will die” and using it was one way in which the Romans tried to remind themselves that they were mortal, that they should live focused on the present and aware of the transience and banality of everything. It is said that at the time of the coronation of the new emperor, he asked a slave to whisper in his ear, during the majestic ceremony, ‘memento mori’, remember that you are going to die; even if you are the Emperor, you are going to die.

The film Nomadland is a kind of memento-mori movie, I think.

Fern is a mature woman who, after becoming a widow and the closing of the factory in which she and her husband worked, embarks on a path of detachment that leads her to the depth of her existential desolation. On her path, nature and a community of broken-hearted people, just like her, help her to heal. Little by little she finds a way to communicate her sadness and loneliness.

The lifestyle of those who live in vans or caravans acquires an existential connotation comparable to people working in precarious jobs, people healing from addictions, people who have lost family members because of illness or migration.  These changing life experiences put an end to a path of life and force us to go through something new and, in the process, to become new person, to change our life.

In order to make the change possible, the person must cross an empty space of liminality. The long sequences of Fern looking ecstatically and sadly at the desolate landscape or smoking a cigarette at dawn, communicate that place of liminality from which she narrates her own story of endless healing. One could also say that Nomadland is a film that deals with two verbs: to begin and to end.

Begin, because, like Fern, those who are on the road living as nomads had begun a path of search, healing and self-knowledge. They know that only self-knowledge can heal. Each one of them has begun their own path, and each one of them has their own way to walk through it. They cross paths and make friends with each other, but each follows their route hoping to see them again, “see you down the road”, they say.

End, because the characters of the story are trying to break free from a past that has them trapped. That trap and ignorance about how to escape from it make these characters tragic, friendly and familiar to us. That is what allows them to be in solidarity with each other. The seasons end and the nomads take to the road to continue with their search

Cycles do not end or begin; they simply follow a course. They are always the same and they are always different. Just like the last Spring was not the same as this one, however, they are both Springs. Same and different. In the same way, the spaces of liminality in the film unfold without leading to an ending, like a phrase we overheard as we walk down a busy street and, suddenly, someone whispers in our ear: Memento Mori. Full circle.

(c) Photography by Sebastián Silva. https://la-periferia-interior.tumblr.com/

Do you want to run away? Where would you go?

Ángel Marroquín

The idea of ​​the bandit riding towards Mexico, with the sunset behind him and carrying two big bags of money, no longer exists. And it is not that crime is over, or that escaping does not continue to be a critical task for all who want to disappear from their current boring life, none of that. The point is that there is no longer a Mexico where to escape. And this is what the Mexican nation represented for many years: the paradise in which it was possible to fulfil the utopia of those who want to disappear: Escape and try again, better.

Today the interconnected world does not allow utopias anymore. We all possess an identity that is easily verifiable through social networks, airports or even through sophisticated computer networks at the service of the intelligence services of rich and poor countries alike. They both know very well how to use them.

The case of Roman Protasevich, the young journalist who was arrested in Minsk after his flight was diverted, makes this situation crystal clear. The 26-years-old young activist who oppose the totalitarian government of Alexander Lukashenko was exiled and asked for asylum in Poland in 2019. From there, he continued his political opposition, until on May 23, he was arrested by order of the Lukashenko government which in violation of all international laws, and in what has been described as an act of air piracy, ordered a civilian flight to divert and stop in Minsk to carry out the arrest.

No, there is nowhere to escape.

In a similar situation is Joshua Wong, 24-years-old, opponent of the Hong Kong government supported by China and founder of the opposition movement “Scholarism” and the so-called “Umbrella Revolution” of 2014. Wong has been in prison since December 2, 2020, charged with a number of convictions that have been added against him in a trial that seems endless and not transparent (among other things, he is accused of inciting a march without the use of a mask). His family today lives in Australia, and together with international organizations are trying to obtain his release.

In both cases, these young men have been imprisoned for representing the opposition to totalitarian regimes protected by the great superpowers: Russia and China. Faced with them, the European countries have wielded a timid response that cannot stop the imprisonment of opponents. Currently, the population living under undemocratic regimes represents more than half of the world’s population, and this is a trend that seems to be increasing. Meanwhile, fanaticisms of all kinds advances amidst what has come to be called “cancel culture” that is, the boycott against those who hold points of view different from the majority or that this majority considers invalid or useful for their purposes.

Young leaders imprisoned in countries that are satellite of superpowers, boycotts against those who think differently from the majority, a European political project that is unravelling, rampant materialism and entertainment. What better ground for totalitarianism and folly?

No, there is nowhere to run away.

¿Quieres huir?, ¿Hacia dónde irías?

La idea del bandido cabalgando hacia la frontera de México, con el crepúsculo a su espalda y cargando con dos alforjas pintadas con el signo dinero ya no existe más. Y no es que el delito se haya terminado o que escapar no siga siendo una tarea crítica para el gran ejército de los que quieren desaparecer, nada de eso. El asunto es que ya no hay México al que escapar. Y es que la nación mexicana representaba el paraíso en el que era posible cumplir la utopía de los que quieren desaparecer: Escapar y empezar de nuevo.

Hoy el mundo interconectado no permite esa clase de utopías. Cada uno de nosotros posee una identidad fácilmente verificable por medio de las redes sociales o por medio de sofisticadas redes de informática al servicio de los servicios de inteligencia de los países ricos y pobres también. Ambos saben muy bien cómo usarlas.

El caso de Roman Protasevich el joven periodista que fue arrestado en Minsk después que su vuelo fuese desviado, deja muy clara esta situación. Con solo 26 años de edad el joven activista opositor al gobierno totalitario de Alexander Lukashenko fue exiliado y pidió asilo en Polonia en 2019. Desde ahí siguió su oposición política hasta que el día 23 de mayo fue arrestado tras por orden del gobierno de Lukashenko, el que, violando todas las leyes internacionales y  en lo que ha sido calificado como un acto de piratería aérea, ordenó a un vuelo civil desviarse y detenerse en Minsk para llevar a efecto la detención. No, no hay donde escapar.

En una situación similar se encuentra el joven Joshua Wong con 24 años de edad opositor al gobierno de Hong Kong apoyado por China y fundador del movimiento de oposición “Scholarism” y de la denominada “Umbrela Revolution” del 2014. Wong se encuentra preso desde el 2 de Diciembre de 2020, fecha desde la que se han ido agregando condenas en su contra en un juicio que parece interminable como poco transparente (entre otras cosas es acusado de incitar a una marcha sin uso de mascarilla). Su familia hoy vive en Australia y junto a organismos internacionales se encuentran intentando obtener su liberación. 

En ambos casos estos jóvenes han sido encarcelados por representar la oposición frente a regímenes totalitarios amparados por grandes superpotencias: Rusia y China. Frente a ellas los países Europeos han esgrimido una tímida respuesta que no ha venido sino a favorecer políticamente a estos gobiernos satélites de las superpotencias y a hacer de sus encarcelamientos de opositores algo banal. Actualmente la población que vive bajo regímenes no democráticos representa más de la mitad de la población mundial y esta es una tendencia que parece acrecentarse. Mientras tanto los fanatismos de todo cuño se hacen espacio entre lo que se ha venido a denominar “cancel culture” es decir, el boycott o funa aplicado contra aquellas personas que sostienen puntos de vista distintos a los de la mayoría o a los que esta mayoría considera inválidos.

Jóvenes líderes encarcelados en países satélites de superpotencias, boycott contra los que piensan diferente a la mayoría, un proyecto político Europeo que se deshace, materialismo rampante y entretención. ¿Qué mejor caldo de cultivo para el totalitarismo y la necedad?

No, no hay dónde huir.

Memento Mori

Ángel Marroquín

Memento Mori es una frase en Latin que quiere decir “recuerda que morirás” y usarla era una forma en que los Romanos intentaban recordarse a sí mismos que eran mortales, que debían vivir enfocados en el presente y conscientes de la fugacidad y banalidad de todo cuanto les rodeaba. Se cuenta que en el momento de la coronación del nuevo emperador este le pedía a un esclavo que le susurrara al oído durante la majestuosa ceremonia: memento mori, recuerda que vas a morir, no importa que seas el Emperador, vas a morir.

Nomadland es una clase de película memento-mori.

Fern, una mujer madura tras enviudar y quemar sus naves emprende un camino de desapego que la va conduciendo hacia la profundidad de su desolación existencial. En el camino la naturaleza y una comunidad de personas como ella, la van ayudando a sanar. Poco a poco ella va encontrando una forma de narrar su tristeza.

El estilo de vida de quienes viven en camionetas o casas rodantes adquiere una connotación existencial que es equiparable con la trabajar en trabajos precarios y mal pagados, sanarse del alcoholismo o drogodependencia, quedarse sin casa como consecuencia de una crisis económica, hacerse viejo y pobre, estar enfermo, ser refugiado o migrante, enviudar o perder a un ser amado. Todas estas experiencias le ponen fin a un tipo de vida y obligan a quien atraviesa por ella, a devenir otra persona, a cambiar su vida.

Para que esto sea posible la persona debe atravesar un espacio de liminalidad. Las largas secuencias de Fern mirando extasiada y triste la desoladora naturaleza o fumando en la madrugada, nos comunican ese lugar de liminalidad desde el que ella va narrando su historia.  

Uno podría decir también que Nomadland es una película que trata de dos verbos: iniciar y terminar.

Iniciar porque, como Fern, el resto de personas que se encuentran en la carretera viviendo esa vida nómade han iniciado un camino de búsqueda, de sanación y de autoconocimiento. Tal vez nada más que el autoconocimiento es capaz de sanar. ¡Qué bien lo sabía Epicteto y los Estoicos antes aún que Freud! Cada uno ha iniciado su camino y cada uno recorre el suyo propio. Se cruzan y establecen amistades entre ellos pero cada uno sigue su ruta con la esperanza de verse otra vez “see you down the road”.

El verbo terminar tiene que ver con que cada uno de los personajes, y Fern la primera, buscan terminar con un pasado que los tiene atrapados. Esa ignorancia sobre lo que les pasa es la que hace a estos personajes trágicos, amables y familiares. Es lo que permite que solidaricen los unos con los otros. Las temporadas terminan y los nómades se echan a la carretera a seguir buscando.

Los ciclos no terminan ni se inician, simplemente siguen un curso. Son siempre los mismos y son siempre distintos. Como la primavera del año pasado no fue la misma que esta, sin embargo, ambas fueron primaveras. Así los espacios de liminalidad en la película se van desplegando sin conducir a un final, como una frase escuchada al pasar mientras caminamos por una calle concurrida y de pronto alguien nos susurra al oído: Memento Mori.