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Mind the Gap

Las expectativas que uno tiene como migrante sobre las instituciones del país en que nos encontramos, constituyen una superficie en que se reflejan cosas muy importantes para todos. 

Mientras esperamos nuestro turno en los servicios públicos, inscribimos a los niños en la escuela o participamos de una reunión de padres, vamos ejercitando nuestros derechos y responsabilidades. El país no espera que nos adaptemos, la vida sigue su curso y nosotros debemos adaptarnos a él por medio de las instituciones.

Hacemos lo mejor que podemos, pero siempre hay una brecha de información. Perdemos información en la traducción de los formularios y en la comunicación con los funcionarios que intentan explicarnos los procedimientos. Toma tiempo unir todas las piezas y descubrir la manera correcta de completar una aplicación, entender por qué debemos pagar la licencia de televisión, como postular a un subsidio, una visa o aplicar a la licencia de conducir. No poseemos el trasfondo que permite unir todas las piezas, después de todo, somos extranjeros y vemos las cosas desde cierta distancia inescapable. Lo que los nacionales toman como algo natural, para nosotros es una realidad que escasamente conocemos.

No basta con tener la información, debemos entender la relación que en el país se tiene entre el ciudadano y el Estado. Es ahí donde se encuentra la brecha.

¿Qué es esa brecha que nos impide acceder a una comprensión de nuestra relación con las instituciones nacionales?, ¿Donde se ubica esa brecha?

Yo pienso que la brecha no tiene que ver directamente con este país sino con lo que cada uno de nosotros trae en su maleta como migrante: su propia experiencia y conciencia como titular de derechos.

Y este es el origen de la brecha. Muchos de nosotros provenimos de países en que las instituciones son incapaces de reflejar los derechos individuales por medio de su relación con los ciudadanos. Ya sea por corrupción, negligencia o desidia, los derechos humanos son un lujo que los gobiernos del tercer mundo no se pueden permitir. Otros migrantes y refugiados provienen de zonas que se encuentran actualmente en guerra, es decir, zonas en que los derechos humanos son inexistentes. 

Cómo es posible que un migrante o un refugiado proveniente de un país en que los derechos son “débiles”, actúe como titular de derechos sociales como aquellos que Europa propugna como universales: derecho a la educación, a vivir en un ambiente libre de contaminación, libertad religiosa, derecho a la salud. 

¿Como un migrante o un refugiado puede comprender que los gobernantes sean encarados por los ciudadanos en virtud de estándares que a ellos les han sido negados en sus países de origen?

Nosotros, los migrantes debemos aprender aquello que los ciudadanos europeos toman como dado y que no cuestionan porque les parecen naturales. ¿Por qué? Porque en esta comprensión se juega nuestra participación política, el fortalecimiento de la democracia y nuestra propia contribución al país. 

¿Estamos como migrantes y refugiados conscientes de esto?

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