¿Cómo vamos a hacer frente a quienes pretenden gobernarnos apelando a los sentimientos?

Angel Marroquin

Somos gobernados por las emociones y esto se expresa de diversas formas: cuando los gobiernos entregan ayudas económicas a sus ciudadanos, cuando se autorizan subsidios o cuando se anuncian proyectos inmobiliarios en beneficio de la gente sin hogar. Todas estas medidas han sido calculadas en su impacto financiero pero más importante aún, han sido calculadas en su impacto emocional.

Porque la correlación entre “feeling good” e intención de voto es directa. Cuanto más es estimulado nuestro lado optimista, conciliador e inspiracional, más entregamos nuestra cordura y nuestras habilidades críticas a aquellos que nos gobiernan.

La diferencia hoy es que estamos tan ansiosos por recibir buenas noticias, aceptación y afirmación que somos aún más manipulables. Y cuando somos atraídos en este “siéntete bien con nosotros, los buenos” es cuando comenzamos a rechazar al que piensa diferente, al otro, al que pretende sacarnos de nuestro conformismo feliz. Y todos sabemos que así es como mueren las democracias y empieza el caudillismo, el clientelismo, el populismo y  la extrema derecha.

Pero vamos a ver un caso concreto, actual y dramático.

Díganme ustedes, ¿No les llama la atención la forma en que los gobiernos europeos han llamado a sus ciudadanos a participar de la crisis humanitaria generada por la guerra? ¿No los han llamado a asumir responsabilidades históricas abriendo sus puertas a los refugiados?

 Mientras los noticiarios muestran imágenes horrorosas de lo que sucede en la guerra, las noticias también cubren especiosos discursos emitidos por políticos destacando a sus ciudadanos como ejemplos de solidaridad internacional. Los valores humanistas de la vieja Europa son desempolvados y, una vez más, cobra sentido todo eso de la solidaridad internacional, los valores comunes, la fraternidad y la Libertad.

Y claro, los ciudadanos nos sentimos primero emocionados, conminados a actuar y, tras todo eso, responsables.

Entonces las comunidades reúnen ayuda humanitaria para enviarla a países lejanos y en Guerra, la gente organiza eventos para reunir dinero y en casos de honesta y sincera solidaridad algunos se sienten dispuestos a recibir en sus propios hogares a los refugiados sin ninguna, -o muy poca-, ayuda de sus gobiernos.

¿No les parece que en esta secuencia de hechos el dilema de los refugiados ha pasado a ser un tema de emocionantes discursos vociferados por políticos oportunistas, a ser una pesada carga para los bienintencionados ciudadanos comunes y corrientes?

Todo este tremendo y genuino esfuerzo que hacen los ciudadanos, las familias y las comunidades ha sido estimulado, canalizado y gestionado por los gobiernos europeos en cada país, manipulando sus sentimientos y responsabilizándolos por una Guerra de la que se juegan cosas que ellos ni siquiera alcanzan a vislumbrar claramente, pero a las que deben hacer frente en forma de encarecimiento del costo de la vida y estrechamiento de sus expectativas y posibilidades.

Pero asumir responsabilidades nombre de todo un país de forma personal, si las cosas no funcionan, puede dejar a las personas con sentimientos de fracaso y culpa. 

Más allá de lo que ocurre en Ucrania, lo peligroso de este método es que se propone gobernarnos apelando a los sentimientos y haciéndonos reactivos a la crítica.

¿Quién podría oponerse a la generosidad que se muestra a los refugiados? Nadie.

Y es esa incapacidad de cuestionar la moralidad de los actos propios y de los otros a la que recurren los gobiernos europeos para dejar que la carga caiga sobre los hombros de los ciudadanos y no de los gobiernos ni de los capitales -y los capitalistas- “amigos” que han creado esta Guerra en primer lugar.

¿Quieren una buena punch line para terminar esta columna?

Ahí va.

Esta es la misma estrategia que usa la extrema derecha para impulsar sus políticas anti inmigración y el Brexit bajo la lógica del miedo.

¿No han llamado los políticos conservadores británicos acaso a los ciudadanos, familias y comunidades a dar aviso si ven personas sospechosas, gente bajando de botes en medio de la noche?, ¿No hay acaso patrullas de ciudadanos preocupados vigilando durante la noche la frontera de Estados Unidos y México? ¿No están preocupados por los pobres que cruzan fronteras poniendo en peligro la estabilidad del mundo desarrollado? ¿No dijeron acaso que era responsabilidad de la población cuidar el país, hacerlo grande de nuevo y todo eso?, ¿No les dijeron que hacer una diferencia estaba en sus manos?

Si los últimos humanistas y los de extrema derecha están del mismo lado, ¿Cómo vamos a hacer frente a quienes pretenden gobernarnos apelando a los sentimientos?

Photo: Sebastian Silva: https://a-visual-diary-for-tomorrow.tumblr.com/

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