..y tendrá tus ojos…

Ángel Marroquín

“To prepare a face to meet the faces that you meet”

T.S Eliot

La masiva recepción de refugiados Ucranianos en Europa ha creado un sentimiento de conformidad y de estar a la altura de los valores que Europa considera distintivos. Sin embargo, esta complacencia no puede soslayar las necesarias preguntas que siempre acompañan estos procesos.

A nivel individual muchas familias movidas por una activa solidaridad han recibido familias provenientes de Ucrania y se han dedicado a apoyarlas, a veces con escasos recursos y poco apoyo del Estado.

Pero a nivel global los países Europeos asumen la recepción de refugiados como parte de un complejo engranaje político y económico en que se juega nada menos que la seguridad geopolítica de todo el viejo continente. Mientras tanto, los refugiados siguen en movimiento mientras buscan escapar de los bombardeos, el hambre y la inseguridad.

Sus figuras, -como sucedió en siglos pasados-, siguen inquietando a los habitantes de los países que abren sus puertas a ellos, produciendo inesperados efectos y cambios sociales.

Como nos enseñó Emmanuel Levinas, la presencia del otro es alteridad. En otras palabras, el migrante, el refugiado es siempre peligroso en un sentido metafísico porque constituye una entidad imposible de ser domesticada o reducida. ¿Por qué?

Porque el otro introduce una dimensión que nos conmina, que nos interpela: ¿Es esta persona igual a mí?, ¿Entonces por qué me incomoda su mirada, el color de su piel, su religión, sus hábitos y sus silencios?

Si somos tan diferentes entonces, ¿Por qué me entristece su situación? ¿Cómo es que en el fondo de mi corazón, si lo pienso, puedo ponerme en sus zapatos y sentir su desolación?, ¿Por qué me entristezco cuando pienso en él?

En un mundo neoliberal como en el que vivimos, esta clase de preguntas no son obligatorias, son optativas.

La alteridad del otro puede ser consumida sin peligro y sin cuestionamientos: ahí están los alegres bebes con que la marca Beneton vende productos, ahí están los programas de citas en que todos se mezclan mientras las cámaras borran trazos de incomodidad o prejuicios sobre la edad, la raza, la clase social o el aspecto de los que buscan “el verdadero amor”.

Ahí están también los avisos comerciales de las nueve de la noche en que la clase social, la raza y las diferencias quedan mágicamente eliminadas mientras confortables melodías son interpretadas y los himnos al consumo conspicuo son entonados y cantados en cientos de miles de hogares entre escenas de hambrunas, matanzas criminales o tráfico de drogas en Latinoamérica, África o Asia. 

A pesar de toda esta elaborada fantasía, nada nos prepara para el encuentro con el rostro del otro, del extraño, del migrante, del refugiado. Porque si pusiéramos atención, si quisiéramos realmente saber, en su mirada, podríamos ver el futuro y lo sabemos.

Photo: Sebastián Silva

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