El Otro, una pregunta

Ángel Marroquín

Los países Europeos están respondiendo a los desafíos humanitarios que surgen de la crisis desatada por la guerra en Ucrania. Se envía ayuda económica y armamento, se crean coaliciones para defender al país en necesidad, se leen poderosos y emocionantes discursos y tal vez lo más importante: los países Europeos con diferentes grados de entusiasmo reciben refugiados provenientes de Ucrania.

Estas medidas cuestan muchísimo dinero y nadie sabe por cuánto tiempo se extenderán ni cómo serán gestionadas en el largo plazo por las economías que se recobran del covid 19, ni tampoco en virtud de los ciclos electorales futuros de cada país. En política los amigos de hoy son los enemigos del mañana, triste realidad, tristes medios y fines, triste realpolitik.

Mientras tanto, individualmente o motivados por los gobiernos de sus países, muchos ciudadanos abren sus puertas con hospitalidad a refugiados provenientes de Ucrania solidarizando con ellos desinteresadamente.

¿No es esto algo que deberíamos todos celebrar?

En apariencia, si.

Celebramos en apariencia. Y como suele suceder, las cosas resultan más complejas cuando se las mira sin la euforia de la celebración.

Porque ser hospitalario como país puede ser una forma camuflada de ser egoísta.

Cuando alguien sube a redes sociales una fotografía ayudando a una persona en situación de pobreza, ¿Es eso verdadera caridad o es solo un medio para lograr notoriedad, calmar la ansiedad personal o subir la autoestima? No es claro.

Pero lo que es claro es que el extranjero, el refugiado y el migrante en un nivel más profundo nos ponen frente al desafío de analizar las cosas que nos hacen diferentes e iguales a él o ella. En otras palabras, hacernos cargo de eso que hace muchos años atrás llamábamos valores universales y la aplicabilidad de ellos en un mundo neoliberal en que cada cual parece rascarse con sus propias uñas.

¿Somos todos los seres humanos iguales?

¿Entonces porqué permitimos que unos mueran de hambre mientras otros viven en la opulencia?

¿No es acaso nuestro mero estilo de vida una forma extrema de negación de la vida de otros?

¿No es acaso lo que consumimos producido en un país pobre bajo una lógica de explotación?

¿No es acaso la Guerra que expulsa a estas personas de sus ciudades generada por esas lógicas inhumanas que aceptamos día a día en nuestra comodidad o indiferencia?

No existen acaso causas para la Guerra en Ucrania? No están acaso los países Europeos intentando asegurar sus intereses económicos y de seguridad en el largo plazo frente al más importante proveedor de la energía que se consume en el viejo continente?

Cuando recibimos al extranjero en nuestro país recibimos también esas preguntas.

No, no es posible recibir a un extraño y seguir la vida como si nada.

Photo: Sebastián Silva. https://a-visual-diary-for-tomorrow.tumblr.com/

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