Si algo me pasa recuerda que…

Ángel Marroquín

Corren tiempos oscuros, qué duda cabe. Y no es que los tiempos pasados hayan sido mejores o que nos falte optimismo, sino que las malas noticias del presente parecen no acabar nunca. Saliendo de la peor pandemia de este siglo XXI y ya entramos a una nueva guerra mundial mientras somos informados por los expertos acerca de la irreversibilidad del daño climático que ha sido infringido al planeta.

Nunca ha sido más fácil que ahora imaginar el fin del mundo.

Pero el fin del mundo es un verbo que se conjuga difícilmente en plural. Prueba de eso es que la secuencia interminable de catástrofes que nos han sacudido durante el último tiempo no ha cambiado la forma en que estamos actuando como sociedades, países, continentes o comunidades. Ahí está la guerra para demostrarnos que la cooperación lograda en torno a la pandemia de Covid 19 no constituye ningún nuevo paradigma de cooperación pacifica en aras de la mejora de la humanidad. No, parece que el fin del mundo es un verbo que se conjuga mejor en singular.

Siempre se trata de agregar a la lista una vida singular que se apaga en el silencio. Las bombas caen a esta hora sobre Kiev mientras escribo y es gente común y corriente la que muere. Miles de biografías anónimas arrastradas por el temporal de la guerra. Hospitales, escuelas y viviendas han sido bombardeadas, destruidas y todo lo que alguna vez albergaron, desaparece para siempre. Ruinas sobre ruinas.

Guerra, otra vez la guerra y los cementerios que crecen, como el desierto.

Las flores depositadas frente a una tumba anónima son muestras de cariño, amor y respeto frente a esa gran nada que se eleva frente a nosotros en todo su misterio: La Muerte. Cada biografía vivida se debe someter a ella cuando le llegue la hora. Todo lo que vive ha de morir algún día.

Durante este interregno nos distraemos y aguardamos nuestra hora mientras conversamos los unos con los otros sin decirnos lo que en realidad sabemos. Mientras tanto, todo tiende a desaparecer a nuestro alrededor.

¿Cuál es el secreto que mejor guardamos durante nuestra vida para depositar a los pies de la pálida dama?, Será esa palabra, ese secreto capaz de detener el horror de lo que ha sido puesto en marcha en Ucrania?

¡Cuán lejos nos ha llevado nuestra locura y cuan poco hemos avanzado en silencio!  

¿Qué es lo que se dicen padres e hijos, maridos y esposas, amigos y amantes mientras se despiden en la estación de trenes de Kiev esta noche? En esas palabras, en esos susurros vive lo único que nos puede salvar de la locura.

Si algo me pasa recuerda que…

Leave a Comment

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s