Unicornios

Ángel Marroquín

¿Cuántas veces nuestro futuro ha estado frente a nosotros y no hemos sido capaces de verlo? El día en que una mirada se cruzó entre dos desconocidos y la suerte de ambos ya estaba echada; el día que llenamos la aplicación a ese trabajo sin mucho entusiasmo, ahí estaba contenido todo lo que vendría o, mejor aún, un viaje a otro país que trajo consecuencias inesperadas y que cambiaron nuestra vida para siempre. Hay quien dice que bien vista, en una gota de agua es posible ver el mar.

Pero frente a esta miopía existencial que nos es bien conocida, se nos dado también la posibilidad de imaginar el futuro, es decir, pensar lo que podría ser de nosotros y de quienes nos rodean, más allá del presente. Sentados en un lugar tranquilo durante las vacaciones o viajando hacia el trabajo en una populosa ciudad, todos gozamos del más democrático de los derechos: el derecho a soñar y a planear nuestros pasos hacia adelante en medio de la confusión del mundo. Soñamos dedicadamente y a menudo nuestros sueños se convierten en humo que se disipa para dejar paso a la fría y objetiva realidad de los hechos concretos.

¿Pero qué hacer con todos esos castillos construidos en el aire? ¿Qué hacer con esos meticulosos y creativos planes que nunca se realizaron?, ¿Para qué podría servir una colección de esas fantásticas arquitecturas del alma cuidadosamente edificadas en la arena de la playa, frente al mar de la realidad? No lo sé, pero conozco a alguien que parece saber.

Eugene Byrne es un historiador y autor local de Bristol y que el año 2013 publicó el libro “Unbuilt Bristol: The City That Might Have Been 1750-2050”. Ocasionalmente sirve de guía turístico de la ciudad Inglesa y su tour requiere una cuota de imaginación: él se dedica a mostrar  edificios, monumentos y proyectos que no existen porque nunca llegaron a materializarse. Ya sea por falta de apoyo financiero, por su carácter desproporcionado o porque simplemente resultaron ridículos a los encargados de aprobarlos.

Byrne se dedica a investigar en lo que podría haber sido. Su interés en estos proyectos, sin embargo,  levanta una serie de preguntas a nosotros, habitantes del presente: ¿Algunos de estos proyectos podrían haber hecho de la ciudad un mejor lugar?, ¿Cómo habrían cambiado el rostro de la ciudad? Nunca lo sabremos porque estos proyectos forman parte del futuro que solo podemos imaginar pero no ver.   

La pregunta que en mi despierta el oficio de Byrne es la siguiente: ¿Está el futuro hoy frente a nosotros tal como uno de esos edificios que no podemos ver?, ¿Qué sucedería su pudiéramos hoy asomarnos al futuro y verlo como uno de esos edificios por fin realizado?, ¿Qué veríamos en realidad?

Pero no.

La única forma de asomarnos a ese futuro es a través de los planos cuadriculados, croquis y esbozos que despliega la imaginación en nuestras mentes: el mapa de lo que podría ser. El lenguaje del subjuntivo y las aproximaciones que nos traen a la mano la fantasía y la poesía.

Al fin de cuentas el futuro parece ser para nosotros una especie de unicornio. Una palabra que describe algo que no existe, que nadie ha visto ni verá jamás, pero que todos podemos de alguna forma imaginar. No es poco y tal vez es suficiente.

Photo: “Unbuilt Bristol: The City That Might Have Been 1750-2050”

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