Los que ganan cuando pierden

Ángel Marroquín

En medio del Siglo pasado un marinero Francés participó en la “Golden Globe Race”, la más importante carrera mundial de yates, sin escalas y unitripuladas. El objetivo de la carrera era circunnavegar el planeta tierra atravesando el océano Atlántico, el Índico y el Pacífico.

La carrera se inició y terminó en Playmouth, Inglaterra y nuestro marinero, Bernard Moitessier, conservó la delantera durante casi toda la competencia y era el favorito para quedarse con el millonario premio, la consiguiente fama y el orgullo de ser considerado por la posteridad como el mejor marinero del mundo. Pero algo sucedió.

Cuando se encontraba cruzando por segunda vez el Cabo de Buena Esperanza al sur de África y ya a un paso de la meta, Moitessier decidió repentinamente torcer su rumbo y en lugar de seguir hacia Europa, arriesgadamente dio media vuelta y retornó al océano índico arribando a Tahití el día 21 de Junio de 1969. Bernard Moitessier perdió la carrera, pero hay quien dice que ganó algo más.

¿Qué fue lo que pasó por su mente el día 18 de Marzo de 1969 y que hizo que después de más de 7 meses de competencia, Moitessier perdiera el interés por el triunfo, el dinero,  el reconocimiento de los medios y la fama?, ¿Qué tiene que mostrarnos esta historia a nosotros, que nos adentramos en los capítulos más inciertos de una crisis climática?

Tal vez Moitessier consideró detenidamente todo lo que había obtenido durante el largo viaje en medio del mar: la paz que le producían las olas durante las largas noches en el océano, la belleza de la salvaje soledad marina, tal vez la luna brillando plateada en el horizonte, todas cosas hermosas e intangibles, invisibles. Tal vez todas estas cosas horadaron su antiguo ser y dejaron al descubierto otro ser, otra piel mucho más sensible, abierta a otras posibilidades, ¿Sería entonces capaz de dejar de lado todo eso y volver a la vida de antes?, ¿A cambio de qué?, ¿De perder todo lo que había descubierto?

Sin embargo, los riesgos de volver eran muchos para Moitessier: las provisiones que le quedaban al acercarse a la meta eran reducidas, ¿Qué hacer si sucedía un accidente antes de llegar a Tahití?, ¿Y si el viaje se alargaba a causa de una tormenta o un percance con su embarcación?, ¿No era acaso más sensato ganar la carrera y luego volver con tiempo y provisiones? Pero por otra parte, ¿Cuáles eran los riesgos de ir a Inglaterra y ganar la carrera?, ¿No sería a caso como perder para siempre la posibilidad que tenía ahora en sus manos?

En nuestras vidas todos nos hemos encontrado con momentos como este: cuando llamamos por teléfono a esa persona que nos atrajo, cuando postulamos a ese trabajo que vimos en un aviso o cuando renunciamos a un trabajo que no nos hace feliz. Todos conocemos estos momentos en los que “no hay vuelta atrás”, pero la historia de Moitessier nos conmina en otro sentido también: la seguridad que se apodera de nosotros cuando elegimos con el corazón.

Y es que esos momentos de decisión optamos por aquello invisible, gratuito, misterioso, invisible, hermoso. Aquello que “no se compra con dinero” sino al precio de algo más…Eso que William Blake decía que “se vende en el desolado mercado donde nadie va a comprar”. Es extraño pero en esos momentos elegimos arriesgarnos, ser valientes y abandonar la fría certeza de la razón monetaria, instrumental y sus cálculos.

Hoy estamos rodeados de opciones calculadoramente tentadoras: seguir estudios que nos conducirán a exitosas posiciones laborales, amistades glamorosas que nos prometen toda clase de deleites sociales y nuevas oportunidades, trabajos que nos prometen nutrir cada aspecto de nuestra vida. Medios de comunicación que nos ofrecen selecciones de noticias positivas para aliviar nuestra alicaída confianza en el mundo.

También estamos rodeados de amores, lealtades, fidelidades hacia cosas invisibles y que no pueden ser compradas con dinero: nuestra atención, nuestros cuidados, nuestra preocupación, el respeto que damos y recibimos, los recuerdos y la belleza que somos capaces de dar y recibir, en fin, todas esas cosas que hicieron al marino de nuestra historia girar el timón.

Usted verá si avanza hasta la meta que le han dispuesto o si regresa y se une al grupo de desertores entre los cuales brilla el nombre de Bernard Moitessier.

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