Tú eres la economía

Ángel Marroquín

A veces olvidamos que aquello que llamamos economía es siempre una relación con otra persona: la cajera que nos atiende en el supermercado, el granjero que siembra y cosecha la fruta o verduras que hemos comprado o el conductor del bus que tomamos cada día rumbo al trabajo o al estudio. Seamos conscientes o no, estamos todos interrelacionados, ligados los unos a los otros por una delicada y compleja red de intercambios que nos sostienen y favorecen la vida.

La calidad de esta relación entre nosotros es la calidad de nuestra economía. Por lo tanto vale la pena preguntarse qué clase de relación queremos tener entre nosotros: ¿Nos empeñamos en extraer la mayor cantidad de beneficios en el menor tiempo posible?, ¿Vemos a la persona frente a nosotros como un medio para lograr nuestros fines egoístas? o por el contrario, ¿Queremos tener una relación de cuidado y armonía con ellas?, ¿Queremos conocerlos y crecer con ellos en la relación?

Comprender que nadie va a tomar esta decisión por ti es parte importante del cambio que necesitamos para detener la actual crisis climática. Finalmente, en nuestras manos está la decisión de tomar menos de todo lo que está a nuestro alrededor y dejar de venerar al dios del crecimiento y el progreso económico y sus dogmas.

Dejar de ver el mundo con un afán consumista, utilitarista y de dominio es tal vez es una de las cosas que necesitamos hacer cuanto antes. Terminar con la desenfrenada fantasía turística que produce toneladas de CO2 diariamente, el hambre insaciable de entretención que mueve la televisión chatarra, la enloquecida ansia por novedad y excitación constante que se alimenta del tedio de vivir.

Pero entonces, ¿Qué clase de vida deberíamos elegir para cambiar el rumbo de colisión en el que parecemos haber sido programados por el estilo de vida consumista y sinsentido que hemos aceptado seguir?

A muchos nos parece que a esta altura de la actual crisis climática no hay lugar para la ambigüedad y es claro que ese tipo de vida debería implicar una opción consciente por la reducción. Menos trabajo, menos consumo, menos transporte basado en el consumo de combustibles fósiles, menos banalidad y cultura de celebrities, menos lujo, etc. Pero también debería implicar más: más relaciones significativas, más relaciones con nuestros vecinos, más tiempo para desarrollarnos como personas, más libertad. Al final del día, ¿Quién es libre?, ¿Aquel que tiene dinero y debe preocuparse constantemente en cómo hacerlo crecer y protegerlo o aquel que tiene tiempo para gastar consigo mismo, con su familia, amigos y vecinos?   

¿Seremos capaces cada uno de nosotros de hacer las opciones necesarias para reducir nuestras opciones justo ahora que el sistema económico post pandemia se recupera a punta de aumentar la presión sobre los consumidores para volver a comprar, volver a consumir lujo y a viajar accesoriamente?  

La respuesta es simple y compleja. Llegaremos a reducir nuestro consumo y a cambiar nuestro estilo de vida consumista por la razón o por la fuerza. Lo de la razón está claro: aumento de la auto reflexión, el trabajo colaborativo con vecinos y comunidades, resiliencia, educación, etc.

Por la fuerza quiere decir que la actual crisis climática alterará las cadenas de suministros de nuestros supermercados, se inundarán las fábricas de ropa en el tercer mundo y encareciendo el costo de las materias primas o tendremos pandemias asociadas a mutaciones relacionadas con el cambio climático que harán imposible comprar. Nos veremos obligados a reducir nuestro consumo por la fuerza.  

De esta clase de decisiones hoy depende nuestra sobrevivencia como especie y el legado que dejaremos a las futuras generaciones que ya habitan este planeta y nos miran. Teniendo toda la información frente a nosotros, ¿Vamos a decidir fallarles?

Comencé esta columna diciendo que la economía es una relación con otras personas y la calidad de esa relación depende de nosotros: tratar a los otros con dignidad, darles el tiempo para ser ellos mismos, abrirse a nosotros, abrirnos nosotros a ellos y su singularidad, es una forma de honrar esa nueva forma contraproductiva de relacionarnos que tanto necesitamos para salir del circulo vicioso del utilitarismo consumista. ¿Por qué?

Porque, finalmente, tú eres la economía.

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