¡Ahora!

Ángel Marroquín

Hace poco visité a una persona en el Hospital. Esta persona atravesó una grave enfermedad que la tuvo literalmente, entre las cuerdas, a punto de morir. “Me salvé jabonado”, me dijo riendo. Yo también me reí, pero con menos entusiasmo.

Una vez que la visita terminó, caminé al paradero del bus mientras pensaba ¿Qué lleva a esta persona a estar alegre después de pasar por una experiencia como esa?

Pasar por la desgracia deja en nosotros un aprendizaje que constituye esa especie de sabiduría natural de la que hacen gala los viejos cuando dan consejos. Pero también esa sabiduría que parece brotar de la experiencia de las personas, sus vivencias, sus aciertos, sus grandes errores y remordimientos. Todos ellos parecen reflejados en ese compendio de sentido común capaz de curar cualquier herida.

Esa sabiduría que nace de la experiencia personal y social tiene una gran ventaja: parece hacer mejor la vida, más liviana, más cercana, más asimilable. Cada idea parece encajar con un problema, un dilema, una pregunta angustiante, una decisión que debemos tomar o con la mejor manera de tratar algún asunto delicado.

Eso es lo que vi en los ojos de ese hombre tendido en la cama del Hospital, con una gran cicatriz en su pecho y rodeado de enfermeras, electrocardiogramas, ventiladores y tubos de oxigeno. Venía de vuelta de la muerte o mejor dicho, se le había concedido un breve aplazamiento antes del zarpazo final que lo matará, como a todos nosotros, anyway.

De todas formas, lo que yo vi en sus ojos –y lo que me extrañó y motivó a escribir esta columna-, fue alegría de estar vivo. Satisfacción y ganas de vivir conforme, lo que le quedaba.

Buscando explicarme esta reacción di con el concepto de “Post-Traumatic Growth” y que se refiere al crecimiento personal o el aumento de significado que se produce después que una persona enfrenta un gran desafío en su vida y que le obliga a cambiar o adaptarse a circunstancias nuevas.

El tema es que después de enfrentarse a momentos críticos (como un accidente grave, una operación con riesgo vital, la inmigración, escapar de una catástrofe o de violencia política), las personas adquieren una mayor sintonización con la vida, en otras palabras, la vida significa más para ellos. Se trata de un aumento de intensidad y no de cantidad o extensión. Es un misterio, pero sucede.

Tal vez eso era lo que había en la mirada de ese hombre, una intensidad vital mayor, una clase de esperanza realista. Él no parecía querer ser eterno o no morir, el parecía querer vivir lo que le quedaba como si viera algo maravilloso e irrepetible.

Mientras pensaba yo en esto, la lluvia arreció y cientos de pequeñas gotas de agua colgaron del cristal de mi ventana en el bus. Mientras eran arrastradas por el viento hacia el abismo, a mí me pareció que cada una de ellas gritaba antes de caer: ¡Ahora!, Ángel, ¡Ahora!…

Photo: Irish Times

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