Separar nuestro estilo de vida de la cultura de celebridades

Ángel Marroquín

Uno de los desafíos a los que nos enfrentamos en esta era de crisis climática tiene que ver con dejar el relativismo de lado y ser capaces de debatir el contenido moral de nuestras opciones sin temor. Pensar y decir lo que pensamos que es correcto y justo y diferenciarlo de lo que es falso, engañoso o lo que es dañino para nosotros y para otros. Pensar, decir y actuar conforme a nuestros valores y no adaptarse a las verdades en boga y creerlas simplemente porque son repetidas constantemente o porque las dijo la persona que paga nuestro sueldo a fin de mes.

Una y otra vez se nos quiere hacer creer que el debate en torno al cambio climático es un tema científico, de datos y proyecciones, objetivo. Esta forma de ver nos lleva al callejón sin salida tecnológico: necesitamos crear más y mejor tecnología para hacer llover en zonas con sequía, mejorar el manejo de los suelos, crear arquitectura adaptada al cambio climático etc. Desde aquí se nos dice que moralizar el tema sólo acrecienta un sentimiento de culpa y vergüenza por parte de los países más ricos y sus ciudadanos y que eso a la larga no conduce sino al estancamiento y dificulta las soluciones. 

Pero no es posible hablar de cambio climático sin tener que pronunciarse sobre injusticias.

En el informe Confronting Carbon Inequality, publicado hace solo un año por OXFAM se nos recuerda una amarga verdad[1]:

  • La emisiones de CO2 anuales crecieron un 60% entre 1990 y 2015 y el 5% más rico de la población mundial es responsable directo de un 37% de este crecimiento en las emisiones.
  • El total de aumento de las emisiones de CO2 del 1% más rico de la población mundial fue tres veces más que la del 50% más pobre de la población.
  • Durante los últimos 25 años el 1% más rico de la población mundial es responsable por el doble de las emisiones de CO2 producidas por 3,1 billones de personas que representan al 50% más pobre de las personas en el planeta.
  • El 10% más rico de la población mundial es responsable por el 52% de las emisiones arrojadas a la atmosfera entre 1990 y 2005.

A este panorama debemos agregar que, como podemos ver hoy, las consecuencias del cambo climático afectarán mayormente a personas que viven en países pobres, esos que han arrojado menos emisiones de CO2 en la atmosfera.

Y para cerrar debemos considerar que históricamente la mayor porcentaje de las emisiones de C02 desde la época preindustrial (y que nos tienen en la situación de crisis en la que hoy estamos) fueron emitidas por países hoy desarrollados y que se muestran reluctantes a tomar acciones decisivas contra los super ricos o ralentizar sus economías.

¿Se trata entonces de un tema científico o de un tema moral?

Yo pienso que se trata de un tema moral en el que la idea de justicia juega un papel clave. Los países ricos también lo creen, es por eso que ellos han planteado acuerdos internacionales como Los Protocos de Kioto o el Paris Agreement como pactos voluntarios. Es decir que su cumplimiento: ¡Depende de la honorabilidad de los países! Porque no hay un marco normativo que permita sancionarlos por el no cumplimiento. ¿Es esto moral o científico?

Pero no voy a hablar de justicia social porque esto implica que hemos hecho antes una reflexión personal y familiar previa y que a mí me parece urgente y que es esta:

¿No es acaso la idea de éxito personal la que alimenta este estado de cosas?

Se han pagado 30 millones de euros por el traspaso del futbolista Leonel Messi, la fortuna Kim Kardashian llega 1 billón de dólares según la revista Forbes y Bill Gates tienen una fortuna de 133 billones de dólares.   

Todo ese dinero implica un estilo de vida de derroche y basado en un nivel muy alto de consumo que a su vez aumenta la distancia de la huella de carbono producida por una “Celebrity” y el vecino de un barrio marginal de Chile, Singapur o Zambia.

Si bien ambas realidades, de la “Celebrity” y del vecino chileno no se pueden comparar, no dejan de tener algo en común: la persecución incesante de un tipo de éxito personal que conduce al endiosamiento de la celebridad, el emprendimiento individual, el dinero como meta y la adicción al consumo. El modelo de éxito personal ha sido secuestrado por la idea de celebrity: celebrity intelectual, celebrity feminista, celebrity arquitecto, celebrity político, celebrity militante, etc Los medios han amplificado este estilo de vida y creado la idea que es el único que merece ser perseguido. El problema es que este estilo de vida acarrea el aumento de las emisiones de carbono y empeora nuestra actual crisis.

De alguna manera el cambio climático es un problema simple: para detener el cambio climático hoy solo debemos parar de consumir. Dejar de crecer es la única forma de reducir las emisiones. Los únicos que podemos dejar de consumir somos nosotros los seres humanos ricos y pobres. La pregunta entonces es clara:

 ¿Por qué no somos capaces de dejar un estilo de vida que nos conduce a consumir hasta sofocarnos en smog?, ¿Por qué no somos capaces de cuestionar nuestra adicción al estilo de vida consumista de las Celebrity?

Volver a tener un punto de vista moral, que el relativismo, el “sálvese quien pueda”, “todo vale” nihilista o una visión simplista de la religión han debilitado, es la única manera de lograr desacoplar nuestro estilo de vida de la cultura absurda de las celebridades. Es a través de preguntas como ¿Cuál es el sentido de nuestra breve vida?, ¿Qué tipo de vida tiene sentido para nosotros?, ¿Cuál es mi responsabilidad como ciudadano en el mundo? que llegaremos a un tipo de reflexión capaz de hacernos cambiar nuestra vida y la de los demás, tal vez, para mejor.

Photo: Extinction Rebellion London. Performance: Money and the Greedy Rats. London, August 2021


[1]Confronting Carbon Inequality. Oxfam. https://www.oxfam.org/en/research/confronting-carbon-inequality

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