Productividad se llama la trampa

Ángel Marroquín

Tener todos tus emails respondidos, comenzar un nuevo proyecto, sacar buenas calificaciones o tu lista de pendientes por fin cumplida. Bien hecho. Estrellita en la frente. Bienvenido a la trampa de la productividad.

¿Por qué?

Porque no es cierto y lo sabes. Nunca dejarán de arribar esos molestos emails, los nuevos proyectos a menudo resultan ser ideas viejas disfrazadas y la lista de pendientes siempre crece. Lo sabemos pero de todas formas anhelamos llegar a ese momento sublime en que seremos hipotéticamente libres del afán de producir. ¡Lo mismo ha de haber pensado Sísifo mientras estaba a punto de alcanzar la cima de la colina!

Productividad quiere decir querer más y ser productivo implica vivir al servicio de esa creencia. El afán productivo, como el VIH o el COVID 19 actúa como un virus: cuando vive en el exterior es invisible e inofensivo. Intrascendente en realidad. Pero cuando logra entrar en un huésped no preparado, no descansa hasta acabar con él. Actuando trabajólicamente este virus se ocupa 24 horas al día, siete días por semana y logra en poco tiempo hacer de una persona normal alguien totalmente enfocado en el futuro beneficio de sus acciones, la rentabilidad y el costo de cuanto consume. Lo que vendría a ser como si Sísifo estuviera apurado por acarrear la mayor cantidad de rocas posibles en el menor tiempo posible, sólo para verlas caer más rápido y así volver a llevarlas a la cima. Usualmente un virus no descansa hasta dejar sin aliento a su huésped.

Aún cuando las sociedades Europeas se vanaglorien de haber matado a Dios, únicamente han puesto a la productividad y el dinero en su lugar. También aquí tenemos un cielo y un infierno: a menudo la productividad se muestra en la forma glamorosa de una ejecutiva feminista y poderosa de alto rango (otra trampa, otro espejismo liberal), pero se nos oculta el cronometro que determina el tiempo exacto en que una pieza de carne debe ser trozada, una estantería rellenada con queso, fruta o shampoo, tendida una cama o recogida una fruta en los trabajos precarios y mal pagados que mantienen funcionando a la vieja Europa.  

Hoy las alarmas suenan en la sección de salud mental de las empresas. Empleados estresados, ansiosos o deprimidos no son productivos. No es extraño encontrar sobre el reloj de entrada a los turnos de trabajo carteles ofreciendo ayuda psicológica a los trabajadores. Ya no hablamos de motivarlos y hacerlos sacar su potencial sino simplemente de intentar que no se derrumben o no se suiciden durante s jornada laboral. 

Tal vez ha llegado el momento de reservarnos el derecho de ser productivos para las cosas que no son lucrativas: criar una familia, plantar un árbol, luchar por el futuro de los niños o escribir un libro. Tareas todas que no pueden ser instrumentalizadas ni controladas por el management.

Como seres humanos estamos fabricados para crear y ser libres y no para cargar piedras en un mundo sin sentido por más que eso nos quieran hacer creer los avisos publicitarios.

(c) Photography by Sebastián Silva. https://la-periferia-interior.tumblr.com/

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