La reacción frente al privilegio no es la culpa, es la justicia

Ángel Marroquín

En una ocasión fui a una manifestación pública en favor del medioambiente. De pronto un joven activista se me acercó. Intercambiamos frases de cortesía, me preguntó de dónde era y qué pensaba de la manifestación. Le hablé de mi país explotado por empresas extractivas multinacionales, viviendo en el semi-feudalismo y el eterno embrujo re-fundacional. Mas o menos la realidad de cualquier país Latinoamericano. Tras escucharme y pensarlo un poco me dijo: “Te pido perdón a nombre de mi país porque es nuestro privilegio el que ha hecho pobre a los países del sur global como el tuyo”.

¡Chan!

El asesinato de George Floyd impulsó una estela de cambios de mentalidad al otro lado del Atlántico: en medio de la pandemia los jóvenes en Bristol y Londres derribaron estatuas de filántropos, fundadores de universidades y filósofos, ligados a la trata de esclavos. Este movimiento también impulsó el uso de un nuevo vocabulario para hablar de racismo.

Una joven generación de activistas Ingleses y Norteamericanos, entre las que se encuentran Otegha Uwagba, Reni Eddo-Lodge y June Sarpong, han usado el concepto de White privilege para resaltar la manera en que el racismo no desafiado se convierte en un sistema que brinda amplias oportunidades de realización personal para la gente blanca mientras mantiene a la población de color en trabajos mal pagados, con reducidas expectativas de movilidad social vía educación y viviendo en barrios marginales en las principales capitales de Europa. Caldo de cultivo para cualquier radicalización.

El concepto de White privilege viene a cambiar el foco de atención en la población de color y la pone  en la población blanca. ¿Si hay un sistema que está diseñado para darte y heredar ventajas sobre otros, por qué querrías desafiarlo?, ¿Si te beneficias del sistema para qué sentirte culpable de beneficiarte de él?

Las reacciones de la población blanca a esta idea se dividen entre el extremo de quienes las rechazan totalmente (KKK) y quienes quieren subvertir el orden social llamando a una revolución social en nombre de la raza. En medio de ellos se encuentra la gente blanca bienintencionada y que es más o menos consciente del racismo en Europa sin involucrarse activamente en su combate. Estas personas se sienten culpables cada vez que la policía publica informes acerca del incremento de incidentes policiales asociados a racismo, sobre representación de población negra encarcelada o población de color viviendo en la pobreza en países ricos.

La culpa secular que proviene del ser consciente del White privilege puede dar origen a prácticas rápidas de atenuación o corrección política: no hablar de racismo, cambiar de tema cuando el tema se presenta, reírse de las bromas de la abuela cuando en las noticias se menciona el tema o hablar de tu único amigo negro, tu race token.

El problema es que estas prácticas dejan intocada la cuestión de fondo: La reacción frente al privilegio no es la culpa, sino la justicia. El racismo constituye una forma de perpetuación de la blanquitud como el paradigma de lo bueno, lo bello y lo verdadero. El tema es que nada de eso ha existido sino por medio de la dominación política y la expoliación económica de las naciones del tercer mundo por el primero. El racismo a través de los siglos solo ha justificado la exterminación de personas en nombre de una minoría blanca que ha sabido aprovecharse del fruto de esa explotación en su beneficio.

Creator: NurPhoto | Credit: NurPhoto via Getty ImagesCopyright: Giulia Spadafora/NurPhoto

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