Contranarrativas

Ángel Marroquín

Una de las cosas que uno termina por extrañar estos días es la ausencia de algo que pueda ser llamado verdad. 

Y es que la abundancia de información maliciosamente manipulada es tanta y se encuentra tan difundida, que ha creado una atmosfera en la que todos nos sofocamos y nadie es capaz de abrir una ventana para dejar entrar aire fresco. Los medios de comunicación y redes sociales se asemejan cada día más a una cámara de gas que al paraíso eco-tecnológico prometido por los gurús de Silicon Valley.

Para nadie es un misterio el que a partir de los años sesenta y setenta, impulsados por los movimientos de protesta, el posmodernismo y la propia debilidad del estilo de vida de la postguerra, la sociedad comenzó a perder la capacidad de creer en sus instituciones. Ya sea como consecuencia de los escándalos de la época, la guerra de Vietnam o la creciente desconfianza en los regímenes comunistas, el mundo entero inició su camino hacia el escepticismo y la desconfianza global.  En esos años era el tiempo de derrocar a los ídolos, prohibido prohibir y el amor libre. Los jóvenes de ayer estaban preparados para dejarse llevar. Entonces arrojarse a las calles Europeas a protestar era una forma de rebeldía esperanzada (que lejos de la ambición desesperanzada de nuestros militantes que se congregan en Trafalgar Square). Hoy sabemos que no era sino el inicio de un ciclo de amor cruel, no reciproco y nihilista por el mercado.

La principal herencia de estos años, como lo sabe cualquier hijo o nieto de algún sesentayochista, fue que en el lugar dejado por la narrativa asociada a los ídolos, al partido, al intelectual, etc se entronizó al mercado y a su alrededor todo se volvió relativo, adaptable. De ahí a Trump hay solo un paso. Un paso que se dio, por cierto.

El neoliberalismo y la década Thatcher-Reagan dio a luz a la política como una herramienta de manipulación de alta gama impulsada por la masificación de los medios de comunicación, el surgimiento de internet y el servilismo de ambos a los poderosos. Como es usual, la TV e Internet comenzaron proponiendo mejorar la cultura, la calidad de vida de las personas y terminaron sometiéndolas a los imperativos de dominación y acumulación del mercado. Esto es lo que se llama una relación de cruel optimismo.

El mundo no se ha detenido por nada de esto, y es así que hoy se nos ha legado un mundo en el que los medios y los poderosos son capaces de crear su propia realidad alternativa y hacernos creer a todos que es la verdad. Fake news, fact check, hechos alternativos, contranarrativas y postverdad son todos conceptos que nos hablan de un mundo desbocado que camina en la oscuridad y con los ojos cerrados. Si tú crees que esto es solo un hábito de los poderosos, estas equivocado.

Estas contranarrativas han sido adoptadas por las personas también, transformándose en una especie de nuevo sentido común. Después de comentar el actuar de una persona el día anterior  esta me respondió: “Noooo, mira lo que pasa es que….”. Asistí entonces a la creación de una postverdad en vivo y en directo.

Aun no somos conscientes de todas las implicancias que esta nueva era de postverdad va a traer, sin embargo, tendremos que aprender a vivir con el hecho que: “Sentir que uno tiene la verdad es suficiente para tenerla”.

(c) Photography by Sebastián Silva. https://la-periferia-interior.tumblr.com/

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