La revancha igualadora

Ángel Marroquín

Las teleseries latinoamericanas fueron durante el mundo pre internet, una de las formas preferidas para tratar temas complejos en forma sencilla: la desigualdad social, las injusticias que aquejaban a los pobres y la indolencia y necedad de los ricos entre muchos otros. Dentro de los personajes arquetípicos que escenificaban estos conflictos se destacaba el de la “revancha igualadora” cuya esencia podríamos describir brevemente así:

Una niña pobre se enamora de un joven rico que es dueño de una gran empresa y gasta su tiempo “reunido”, este la enamora, engaña, abusa y abandona (en ese orden). La joven pobre vuelve a su pueblo humillada, por lo general embarazada,  y, luego de pasar varias peripecias,  descubre que es heredera de una fortuna. Ella comienza a comprar acciones de la empresa familiar del joven rico y su familia en forma anónima hasta hacerse dueña del 50+1 de la compañía.

Un día el joven rico y su familia, vestidos elegantemente, aguardan para dar la bienvenida a los nuevos socios mayoritarios y en una elegante sala de reuniones se dan cuenta que la nueva y poderosa dueña de la empresa familiar es nada menos que la niña pobre a la que enamoraron, engañaron, abusaron y abandonaron. ¡Chán!

Les propongo mirar a través de esta historia lo que está sucediendo con China. ¿No les parece que durante muchos años China fue considero un país gigantesco, atrasado, rural en su esencia y poseedor de creencias y valores opuestos al accidente desarrollado? Sin embargo, poco a poco gracias a los sacrificios de varias generaciones y al “gran salto hacia delante” de Mao, sin despertar suspicacias la conversión comunista a la economía de mercado comenzó a dar sus frutos hasta que al final de los años noventa la cartera de inversiones Chinas se abrió al mundo.

Entre el año 2000 y el 2014 China destinó más de 273.600 millones de dólares (unos 245.000 millones de euros) a financiar cerca de 3.485 proyectos en 138 países alrededor de todo el mundo.

China es hoy la fuente de financiamiento de grandes proyectos de infraestructura (energéticos, transporte, agricultura, etc) en África, Latinoamérica y Europa central. La mayoría de este financiamiento cabe en la categoría de financiamiento para el desarrollo y se ha enfocado en países pobres. Estas inversiones se produjeron bajo la mirada de una comunidad Europea ensimismada, tratando de mantener su unidad y con crecientes problemas con los miles de refugiados generados por el conflicto en Siria. Por su parte EEUU desapareció de la arena internacional gracias a Trump. Hoy la comunidad Europea y EEUU esperan en la sala de reuniones a que llegue China, la nueva emperatriz y nueva dueña de lo que va quedando del mundo.

¿Quién se atreve a cuestionar las denuncias de violaciones a los derechos humanos en China contra la población musulmana? ¿Quién hablará a favor de Tibet? ¿Quién analizará la situación en Corea del Norte? Quien pone el dinero pone la música y Europa y las economías emergentes lo saben. China la llegado para quedarse y junto a Rusia conforman un nuevo eje político en el que se jugará la paz por las décadas que vienen.

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