Gracias, pero no

Ángel Marroquín

En mi país hay un dicho popular que dice: “el diablo vendiendo cruces” y se refiere a situaciones en que la apariencia toma en lugar de la realidad: cuando un político populista promete ayudar a los pobres y estando en el poder los oprime aún más, cuando una empresa dice cuidar el medioambiente y en lugar de eso lo destruye, cuando los padres moralizan a sus hijos diciéndoles lo que no tienen que hacer mientras ellos lo hacen, etc. Sí, el diablo vende muchísimas cruces en Chile, en Latinoamérica, pero también entre la joven y bienintencionada Europa.

Mientras lo que más desean los jóvenes es hacer una diferencia en el alicaído mundo que recibieron como herencia, instituciones como ONG´s, Universidades, Escuelas, Programas de Gobierno, hacen lo posible para incentivar y canalizar estas tendencias altruistas mientras las señalan como “virtudes a esperar” de cada estudiante. Salidos del colegio los jóvenes aspiran a crear una Start Up o empresa social y a convertirse en emprendedores sociales. Para esto los jóvenes se reúnen con otros jóvenes como ellos, analizan los problemas que más les impresionan, piensan en todas las cosas que les producen culpa pero que no pueden dejar de consumir y finalmente se conduelen con los pobres del mundo que sufren tan terriblemente.

Una vez superado este momento catártico el grupo inicia una recolección de dinero por medio de redes sociales y la empresa de moda sustentable, comida vegana, App de ayuda a los sin techos, está creada: ¡Ahora pueden ganar dinero mientras salvan el mundo!

Por lo general después de esta etapa fundacional y épica, los jóvenes emprendedores ganan premios y reconocimientos y sus rostros se hacen cada vez más reconocibles en periódicos de circulación local y luego nacional. Algunos de ellos terminan en foros internacionales hablando en nombre de desconocidos países del tercer mundo o minorías indígenas.

¿Pero no son acaso estos jóvenes personas que auténticamente quieren hacer una diferencia? ¿No sienten ellos genuinamente deseos de ayudar? ¿Cómo es que se ven arrastrados en un proceso de glamorización de la pobreza y terminan haciendo lo mismo que criticaban?, ¿No merecen sus empeños algo mejor que la lógica del diablo vendiendo cruces?

La salida a este aparente callejón sin salida, como otras tantas en la vida, apunta a hacerse las preguntas correctas y a pensar antes de actuar. Con esto se evita caer en las trampas de la glamorización y del activismo mientras se ahorra uno muchos dolores de cabeza.

¿Quién se beneficia con lo que estás haciendo?, ¿No es acaso el ego lo que te impulsa?, ¿Eres capaz de dejar tu estilo de vida?, ¿Qué te mantiene apegado a él?, ¿Qué te mantiene buscando la aprobación de los demás?

Un periodo de cuestionamiento puede causarnos ansiedad e incluso tristeza y sentimientos de soledad pero, créeme, todo eso es mejor que impulsar la rueda enloquecida de la acción social.

El diablo seguirá vendiendo cruces pero, la próxima vez le miraremos a los ojos y le diremos gracias, pero no.

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