Sol futuro

Ángel Marroquín

El sol brilla sobre la vieja Irlanda. La gente sale a las calles, se reúne y viste ropa liviana. Como en una pintura de Brueghel los rostros se alegran y se embriagan, los campos se mantienen ocupados con los quehaceres de la cosecha, se baila en las plazas y parques al atardecer.

La vida se manifiesta en toda su gama de posibilidades. La naturaleza parece estar celebrando: el orgiástico deseo de plantas, aves y animales se expresa en un incesante cantos de los pájaros, el abundante crecimiento de la vida vegetal y el erótico mugido de las vacas, toros y ovejas en los campos. La naturaleza canta su inmortal triunfo sobre el invierno. El sol es el soberano absoluto y su hija, la luz, su emisaria.

La luz del sol se extiende hasta entrada la noche. La oscuridad va retrocediendo perseguida por la luz que se va tornando más transparente a medida que se acerca la medianoche del 21 de junio, el día más largo del hemisferio. El sueño de una noche de verano. El Crepúsculo entonces se amplifica y las gradaciones entre el rosado pálido y el morado oscuro se manifiestan largamente en la línea del horizonte estimulando la imaginación.

Uno de esos días de verano me quedo pensando en la luz y me pregunto ¿No viene acaso esta luz del pasado? ¿No se trata acaso de un tipo de luz histórica que nos trae recuerdos de otros veranos similares y diferentes a este?

Ahí están los álbumes de fotografías antiguas. Nos vemos en pantalones cortos en una playa, corriendo en el campo o jugando en la calle durante un verano del mil novecientos ochenta y tantos. Quienes estaban entonces ya no están y quienes están a nuestro lado hoy nos hacen sentir su tibia presencia este verano que, como sabemos, no se repetirá.

Pero la luz del sol también ilumina nuestro futuro, especialmente ahora: ¿no es este verano diferente, más feliz porque hemos dejado atrás meses de encierro, soledad e incertidumbre? No es este agradecimiento, esta luz, la única capaz de guiarnos a través del otoño y el crudo invierno que vendrán?, ¿No serán los recuerdos de la felicidad que experimentemos ahora el fuego con el que nos calentaremos durante el frío invierno? Por eso es que digo que esta luz que viene del pasado, que brilla esta tarde en que escribo esto, se proyecta también hacia el futuro.

Tal como le dijo un carpintero hace mucho tiempo atrás a un pescador: “he orado por ti para que tu fe no decaiga”.

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