Fuera de concurso, ¿Qué puerta habría elegido?

¿Se acuerdan de los concursos de Sábados Gigantes durante los años ochenta?

Bien.

¿Se acuerdan del concurso de las puertas?

Consistía en que un concursante que tenía que elegir entre tres puertas tras las que se encontraba un premio, usualmente las puertas tenían un número 1, 2 y 3. Al finalizar el concurso Don Francisco le preguntaba al concursante que había perdido.

Ahora, le decía, fuera de concurso: ¿Qué puerta habría elegido?

Llevamos tan metida en la piel la estructura subjuntiva que ni siquiera lo notamos, salvo cuando la perdemos. Como muchas otras cosas en la vida.

Cuando me tocó aprender a vivir en otro idioma, le pedí al nuevo idioma una expresión subjuntiva. La necesitaba para dejar de traducir mi sentimiento de nostalgia (una nostalgia que no se llamaba nostalgia sino homesick, así como London no se llama Londres). Tomé conciencia de mi necesidad y me di cuenta que lo que quería era expresar mi deseo como latinoamericano: algo irreal que sucedía en el pasado se expresaba en un futuro indeterminado. Algo repentino sucedía y lo cambiaba todo. Esperanza, deseo latinoamericano. Pasión imaginaria y arrepentimiento. Una forma de verdad por cierto, una forma de ver, una poética Latina. Amores perros diría mi amigo Ricardo Bravo.

Entonces encontré esta vieja balada irlandesa que se llama “Carrickfergus” y que se inicia con la frase: “I wish I was in Carrickfergus”.

Gramaticalmente se compone de el verbo wish en present+past simple y  es usada para hablar de cosas que nos gustarían que fueran diferentes en el presente o el futuro pero que son imposibles. ¿No es loco que la combinación verbal mezcle el presente con el pasado simple, es decir, el pasado “cerrado”, es decir, de algo que comenzó y que terminó, de alguna forma algo sin remedio. Un no rotundo.

La balada trata de un hombre que anhela su pueblo natal, Carrickfergus (ubicado en el norte de la gran Isla). Él desea retornar pero se encuentra separado por el océano y anhela tener alas para volar sobre él  y estar con su amada. Entonces el anhelo por su pueblo natal se transforma en una reflexión acerca de su pasado. Carrickfergus se transforma en una metáfora de la vida pasada que no va a volver, el arrepentimiento. Carrickfergus es Comala. Un lugar, como dice Sabina, al que no deberías tratar de  volver. Cada cual tiene el suyo, by the way.

La canción se cierra con la imagen de nuestro hombre diciendo que no va a cantar más hasta tener un trago en su mano y jurando ir de pueblo en pueblo arrastrando su nostalgia. A mí me viene el recuerdo del viejo Teillier diciendo “gasté mis codos en todos los mesones, me amaron las doncellas pero preferí a las putas”. Fin de paréntesis.

Don Francisco, años ochenta. Largas tardes de sábado antes de once. De pronto Don Francisco nos pregunta a todos: fuera de concurso: ¿Qué puerta habría elegido? El subjuntivo, su fuerza, nos hace dejar lo que estábamos haciendo y pensar: “que hubiera pasado si…” Entonces todo explota, la razón, la linealidad del tiempo, el orden del mundo. Se abre un vórtice en medio de la gramática y la excepción ocurre. Liminalidad era lo que me sucedía.

Hay un momento en que se desdibujan los caminos y pasamos a través de las formas gramaticales. En ese momento hay pureza y verdad.

Entonces de pronto se abre la puerta 3.

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